Santos - Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Buenos Aires y Sudamérica

San Juan, Obispo de Goths
San Juan, Obispo de Goths
A pesar de que no cuenta con un culto particular en el occidente, este San Juan goza de veneración en las Iglesias de oriente, a causa de la valerosa oposición que enfrentó a los iconoclastas. Fue natural del distrito norte del Mar Negro, que comprende la Crimea y, su abuelo era un legionario armenio. En 761, el entonces obispo de Goths, importante localidad de aquellas regiones, se adhirió a los iconoclastas para quedar bien ante el emperador Constantino Coprónimo, que favorecía esas ideas y se disponía a abolir las sagradas imágenes. La deserción del obispo fue recompensada con una promoción al puesto más elevado de Heraclea; pero los miembros de su gre, más ortodoxos que su pastor, le desconocieron y eligieron en su lugar a Juan. Las autoridades aprobaron la elección, pero los pobladores de Goths tuvieron que esperar a que regresase el nuevo obispo, quien pasó tres años en Jerusalén.
Al hacerse cargo de la sede, escribió una defensa de la veneración que se dispensaba a las imágenes sagradas y a las reliquias, así como de la práctica de invocar a los santos. Sus argumentos estaban apoyados por citas del Antiguo y el Nuevo Testamentos y por referencias a las enseñanzas de los Padres. Bajo la regencia de la emperatriz Irene, se levantó la prohibición contra las imágenes sagradas, y el obispo Juan pudo ir a Constantinopla para asistir al sínodo convocado por San Tarasio; también se hallaba presente en el segundo Concilio de Nicea, en el año 787, durante el cual se consideró el culto a las imágenes sagradas como parte de la doctrina ortodoxa. Al regresar a su diócesis, el trabajo del obispo Juan quedó interrumpido por la súbita invasión de los “khazars.” A raíz de la denuncia de un traidor, el prelado fue capturado y conducido preso al campamento del guerrero enemigo. Sin embargo, escapó con relativa facilidad y encontró refugio en Amastris, ciudad del Asia Menor, donde fue huésped del obispo local. Ahí pasó los últimos cuatro años de su vida. Al informársele de que el jefe de los invasores “khazars” había muerto en la ciudad sojuzgada, se volvió hacia sus amigos y les dijo: “Yo también partiré de este mundo dentro de cuarenta días y expondré ante Dios mi causa contra el guerrero que nos sojuzgó.” La primera parte de su profecía se cumplió al pie de la letra: al cuadragésimo día expiró tranquilamente. Su cuerpo fue trasladado a su país de origen, por el obispo Jorge, de Amastris, y fue depositado en el monasterio de Partenite, en la Crimea.


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