Santos - Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Buenos Aires y Sudamérica

San Jarálambos
San Jarálambos
Su santidad brilló en los heroicos primeros años de los cristianos, que con singular fe y renunciación enfrentaban las terribles persecuciones de los sanguinarios emperadores de Roma. Nació en el año 90 dC. en el departamento de Magnesia de Tesalia (Grecia). Sus padres que eran cristianos, le enseñaron la devoción, con su propio ejemplo de vida. A través del estudio sistemático de la Biblia aprendió las grandes y eternas verdades del mundo, de la vida y de la razón de la existencia del ser humano. Lleno de sabiduría, siendo aún muy joven, enseñaba a los jóvenes de su misma edad y les inspiraba con su ejemplo luminoso.
En el año 130 dC es ordenado presbítero y consagra su vida a la tarea de salvación de las almas. Su espíritu inquieto no podía descansar viendo que existen muchas personas alejadas de Cristo, que no saben por qué viven y cuál es la finalidad de su existencia. En esa época, el emperador de Roma Severo ordenó una terrible persecución contra los cristianos. Entonces el gobernador de Magnesia ordenó detenerlo y llevarlo encadenado a su presencia, a pesar de su avanzada edad de 113 años.
Pese a su muy avanzada edad, el santo indómito, respondiendo a las órdenes del gobernador de adorar a los ídolos, proclamó públicamente que los dioses de los idólatras eran falsos, y que el único gran y verdadero Dios es Cristo. Entonces el gobernador lo amenazó con torturas inimaginables, pero el Santo sonriente y tranquilo le contestó: ¡Has creído que asustarían tus amenazas a un sacerdote de Cristo!. Si me matas, me habrás dado lo mismo que anhelo, la oportunidad de unirme a mi Cristo en el cielo... Las torturas con las que me amenazas me abrirán las puertas de la vida eterna... Enfurecido el gobernador ordena arrancarle la piel, pero el anciano Jarálambos soporta el horrible tormento orando y agradeciendo a Dios porque le hizo digno de ser incorporado al catálogo de los mártires. Agradecía al mismo tiempo a sus verdugos diciéndoles: Les agradezco, hijos míos, que torturan mi cuerpo, me dan la felicidad del alma y la alegría infinita del reino de Dios. Entonces los verdugos, Porfirio y Bayo, tiraron los cuchillos gritando: “Nosotros también somos cristianos”. Lo mismo gritaron tres mujeres que estaban observando los acontecimientos. Hizo muchos milagros el Santo: Curó a enfermos, hizo resucitar a muertos, etc. Viendo todo eso, la hija del gobernador Galene y muchos otros creyeron en Cristo, pero el gobernador dominado por una manía satánica ordenó que lo decapitaran (año 202 dC).
Mientras llevaban al Santo hacia el martirio, se presentó Cristo diciéndole: “Ven mi querido Jarálambos, pídeme qué gracia deseas”, a lo que el Santo humildemente le respondió: “Que en todo lugar que se encuentre una parte de mis reliquias y recuerden mi martirio, no haya nunca hambruna ni epidemia de peste, sino abundancia de frutos de la tierra, paz y salvación de almas y cuerpos... “.
El santo cráneo del Santo se atesora en Metéora.
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