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Santo Apóstol y Evangelista Marcos
Santo Apóstol y Evangelista Marcos
Lo que sabemos sobre la vida personal de San Marcos, autor del segundo Evangelio, proviene más o menos de conjeturas. Los autores le identifican generalmente con el “Juan llamado Marcos” de los Hechos de los Apóstoles (12:12 y 25); por consiguiente, la María, en cuya casa de Jerusalén se reunían los Apóstoles, era su madre. Por la epístola a los Colosenses (4:10), sabemos que Marcos era pariente de San Bernabé, el cual (según Hechos 4:36) era un levita chipriota. Resulta, pues, probable que Marcos haya pertenecido a una familia levítica. Cuando Pablo y Bernabé regresaron a Antioquía después de haber llevado a Jerusalén las limosnas para dicha Iglesia, trajeron consigo a Juan llamado Marcos, quien los ayudó en el ministerio apostólico en la misión de Salamina, en Chipre (Hechos 13:5); pero Marcos no les acompañó a Perga de Panfilia, sino que volvió a Jerusalén (Hechos 13:13). A raíz de aquella deserción, San Pablo creyó ver cierta inestabilidad en el carácter de Marcos y, aunque Bernabé quería que los acompañase a visitar las Iglesias de Cilicia y el resto de Asia Menor, San Pablo se opuso a ello. Como no lograron ponerse de acuerdo, Bernabé se separó de San Pablo y fue con Marcos a Chipre. Sin embargo cuando San Pablo se hallaba en su primer cautiverio en Roma, Marcos estaba con él y le ayudaba (Col. 4:10). Durante su segundo cautiverio, poco antes de su martirio, el Apóstol escribió a Timoteo, quien se hallaba entonces en Efeso: “Toma contigo a Marcos, pues me ha ayudado en el ministerio.”
Por otra parte, la tradición sostiene que el autor del segundo Evangelio estaba en estrecha relación con San Pedro. Clemente de Alejandría (según el testimonio de Eusebio), Irineo y Papías llaman a San Marcos el intérprete o portavoz de San Pedro, si bien Papías afirma que Marcos no había oído al Señor ni había sido su discípulo. No obstante esta última afirmación, los comentaristas se inclinan a pensar que el joven que siguió al Señor en el Huerto de los Olivos (Marc. 14:51) era San Marcos. Lo cierto es que San Pedro, cuando escribía desde Roma (1 Pedro 5:13), habla de “mi hijo Marcos,” el cual, según parece, estaba entonces con él. Apenas cabe duda de que en ese pasaje se trata del evangelista, pero en todo caso, no hay ninguna prueba concluyente de que ese Marcos no haya sido el “Juan llamado Marcos” de los Hechos.
El león, símbolo de San Marcos, data de muy antiguo, como los emblemas de los otros evangelistas. Los santos doctores relacionaron a San Marcos con el león, haciendo notar que el Evangelio de San Marcos empieza hablando del desierto y que ¡el león es el rey del desierto!

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