Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Buenos Aires y Sudamérica

Vida Sacramental

Información sobre el Bautismo y requerimientos en la Guía Pastoral.
Casamientos
El Matrimonio
Una breve explicación de la ceremonia y su significado

EL MISTERIO DEL MATRIMONIO
El Misterio del Matrimonio en la Iglesia Ortodoxa, celebra con alegría la unión de un hombre y una mujer por y en Cristo. Jesucristo en persona bendice y une al novio y a la novia. Es más, Cristo se une también con la pareja. De manera que, tres personas se unen en cada boda ortodoxa: el novio, la novia y Jesucristo. La ceremonia del matrimonio en la Iglesia Ortodoxa es rica en expresiones rituales que expresan la grandeza y la belleza de la unión de dos personas en Cristo.
La ceremonia Ortodoxa del Matrimonio comprende dos rituales. El ritual del Compromiso, que recuerda el compromiso de dos personas y el ritual propio del Matrimonio.

EL COMPROMISO

LOS ANILLOS:
Desde antiguo, los anillos de matrimonio han sido usados como un símbolo y señal del Compromiso y del Matrimonio. Los anillos de matrimonio han sido elaborados siempre de metales preciosos, como la plata y el oro, para significar que el matrimonio es precioso y realmente inapreciable.
Después que los anillos han sido bendecidos, el sacerdote los toma en su mano derecha y haciendo con ellos la señal de la Cruz sobre la frente de los novios, dice: “Comprométese el siervo de Dios (fulano) con la sierva de Dios (zutana), en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”. El sacerdote repite esta expresión tres veces pronunciando el nombre del novio en primer lugar y después tres veces más pronunciando el nombre de la novia en primer lugar. La formula se repite tres veces para cada uno de los novios para expresar la presencia de Dios Trino en su compromiso. A lo largo de la ceremonia hay muchas expresiones que se repiten tres veces para recordar a la pareja y a todos los presentes, que el más grande invitado, el Dios Trino, está invisiblemente presente en este matrimonio.

El sacerdote luego coloca los anillos en los dedos anulares de la mano derecha del novio y de la novia. El padrino extrae los anillos de los dedos de los novios y los intercambia tres veces, cruzando sus manos. El intercambio de los anillos simboliza la unicidad de la pareja. Durante el intercambio, el anillo del novio se apoya momentáneamente en el dedo anular de la novia y viceversa, para significar que la fuerza del anillo del novio descansa sobre la unión con la novia y viceversa. Es decir, el anillo de uno no significa nada separado de su compromiso.

Hay dos anillos, uno para el novio y otro para la novia, pero ambos son expresión de la unidad por la unión de la pareja.

LAS VELAS:
Al finalizar el rito del Compromiso, se encienden dos velas, una para el novio y otra para la novia. Esas velas, como todas las velas y las lámparas de aceite o candiles que se usan en la Iglesia Ortodoxa, expresan la presencia de Cristo que dijo: “Yo soy la luz del mundo”. Los novios sostienen una vela cada uno para significar que juntos, como marido y esposa, seguirán a Cristo, que es la Luz.

Además, las velas en sus manos significan que ellos también serán luz, que da testimonio a través de su vida marital de su fe cristiana, dado que Cristo dijo a Sus seguidores: “Vosotros sois la luz del mundo”.

Los novios sostienen las velas por unos momentos y luego las entregan a dos niños que rodean la mesita ceremonial.

EL RITUAL DEL MATRIMONIO

LA UNION DE LAS MANOS DERECHAS
El sacerdote lee una oración especial y une las manos derechas de los novios, pidiendo a Dios que los una en una sola carne. Los novios mantienen sus manos derechas unidas a lo largo de la ceremonia para indicar la unión de la pareja en Cristo en su vida matrimonial.

Aquí, como en toda la ceremonia es Dios el celebrante y es Dios que une en matrimonio a los novios. El sacerdote es tan sólo el receptáculo de Dios, el instrumento.

LAS CORONAS:
El sacerdote toma en su mano derecha las coronas y haciendo la señal de la cruz sobre las frentes de los novios dice: “Corónase el siervo de Dios (fulano) con la sierva de Dios (zutana) en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”. El sacerdote repite esta formula tres veces pronunciando el nombre del novio en primer lugar y después otras tres veces pronunciando en primer lugar el nombre de la novia.

El sacerdote luego coloca las coronas en las cabezas de los novios, después de lo cual, el padrino levanta las coronas y las intercambia tres veces cruzando las manos, como lo hizo antes con los anillos. De esta manera, la Iglesia expresa el hecho que, aunque hay dos coronas, la corona de cada esposo adquiere significado en el otro esposo. Es decir, sin la corona de la novia, la corona del novio no tiene significado y recíprocamente, la corona del novio carece de significado sin la corona de la novia. Además, las coronas se intercambian para mostrar que los novios darán testimonio de Cristo con su matrimonio.

Las coronas son signos de gloria y honor con los que Dios corona a los novios con la expectativa de que su vida en matrimonio, como esposo y esposa cristianos, será testimonio de Cristo y de la fe cristiana. En la antigüedad, los emperadores y los atletas y soldados victoriosos eran coronados con una diadema.
San Pablo Apóstol utiliza con frecuencia la imagen de las coronas y compara a los creyentes cristianos con los victoriosos atletas y soldados. Como el atleta victorioso recibe su premio y como el soldado victorioso es premiado por su “buen combate”, el cristiano que cumple la voluntad de Dios y vive una vida cristiana, recibirá su premio – el Reino de Dios – y entonces será coronado por Dios por ser victorioso en la vida.

LAS LECTURAS BÍBLICAS

LA LECTURA DE LA EPISTOLA
La carta de San Pablo a los Efesios (5;22-33) puntualiza el respeto y el amor mutuo. El respeto de la esposa a su esposo, el amor sacrificial cristiano del esposo a su esposa, la unión de los novios en una sola carne, y la interpretación de San Pablo al versículo 2;24 del Génesis, como prefiguración de la unión mística de Cristo con la Iglesia.

En el contexto total, el respeto y la sumisión de la esposa a su esposo no implica la superioridad del esposo, sino un liderazgo sagrado en el hogar, como una gran responsabilidad (no así un derecho individual del varón de la casa). Igualmente, San Pablo manda que el esposo ame a su esposa como Cristo amó a la Iglesia y dio Su vida por nosotros. Esposo y esposa son iguales ante Dios y ambos deben someterse a la voluntad de Dios.

En la unión matrimonial no puede plantearse una cuestión de explotación, subyugación o sometimiento de cualquiera de los esposos, sino sólo amor recíproco, respeto y servicio desprovisto de egoísmo, de uno por el otro.

EL EVANGELIO:
El Evangelio según San Juan (2;1-11) relata la participación de Jesús en la boda de Caná de Galilea, donde realizó su primer milagro, convirtiendo el agua en vino, por medio del cual Sus discípulos creyeron en Él. Las oraciones del ritual del matrimonio hacen repetidas referencias a la presencia de Cristo en la boda de Caná, para recordar la presencia invisible de Cristo en el ritual.

LA COPA COMUN:
El vino dulce es bendecido y ofrecido a los novios como un signo de la alegría que compartirán juntos en su vida en matrimonio. Ofreciendo a los novios el vino dulce, expresa su esperanza que sus alegrías serán redobladas y sus tristezas paliadas porque compartirán todo en su vida.

Así como el vino convertido en Sangre de Cristo, en la Misa, nos une en el Cuerpo de Cristo, así también el vino bendecido en la Boda une a los contrayentes en una sola carne. Es por ello que en ese momento se canta: “Tomaré del cáliz de salvación e invocaré el nombre del Señor. Aleluya”.

La Copa común y el Himno de la Comunión recuerda a la pareja y a todos los presentes que Cristo es la base, centro y culminación de sus vidas.

LA DANZA CEREMONIAL:
El sacerdote, sosteniendo el Evangelio en su mano derecha, conduce a los novios alrededor de la mesa ceremonial tres veces. Los novios hacen sus primeros pasos de su vida en matrimonio y son conducidos por el Evangelio de Jesucristo, por el camino que deben recorrer como una familia cristiana.

La danza ceremonial se llama la danza de Isaías, haciendo alusión al Profeta Isaías que anunció la llegada del Mesías, que conducirá a los recién casados y a toda la gente a la salvación. Esta danza es acompañada por tres himnos. El primero llama a Isaías para que baile de alegría porque ha nacido el Emmanuel (Dios está entre nosotros) que él había anunciado. El segundo les pide a los santos mártires, merecidamente coronados, que intercedan por la salvación de nuestras almas. Y el tercero eleva un himno de glorificación a la Santísima Trinidad. La danza ceremonial es una forma adecuada y respetuosa para expresar la alegría de los novios, de sus padres, de todos los presentes y de toda la Iglesia, porque un nuevo matrimonio cristiano se ha formado en este día.

LA BENDICION FINAL Y LA ORACION DE DESPEDIDA:
Volviendo a sus lugares, después de la danza ceremonial, el sacerdote saluda al novio diciéndole: “Seas exaltado, Novio, como Abraham, bendecido como Isaac y prolífico como Jacob, viviendo en paz y cumpliendo con justicia los mandamientos de Dios”. Luego dirigiéndose a la novia le dice: “Y tú novia, que seas engrandecida como Sara, regocijada como Rebeca y multiplicada como Raquel, regocijándote en tu propio esposo, guardando los límites de la ley, porque así le plugo a Dios. Luego, orando una vez más que Dios “colme sus vidas con bendiciones”, el sacerdote quita las coronas de las cabezas de los novios, mientras le pide a Dios que reciba sus coronas en Su Reino, es decir, que los novios vivan con honor como siervos casados de Dios.

La oración de despedida invoca a varios santos que con fe y amor sirvieron y dieron testimonio de la Sanísima Trinidad en su vida. Ellos son invocados aquí al concluir el ritual del matrimonio para recordar a los novios y a los presentes que ellos como los santos son portadores del testimonio de Cristo en sus vidas en común como matrimonio cristiano. En efecto, como pareja cristiana es su servicio y misión dar testimonio juntos de la presencia de Cristo en la vida matrimonial, consagrada hoy por Dios mismo.

LOS CONFITES:
Las almendras acarameladas (confites) que se reparten a cada invitado en la boda, como una tradición de la Iglesia Ortodoxa, contienen un simbolismo. Hay un número impar de confites(número que no puede ser dividido por dos) que representa nuestra esperanza que la unión de los novios bendecida por Dios, no será quebrantada (dividida). Las almendras tiene un gusto amargo y nosotros oramos para que los contrayentes tengan más dulzura que amargura.

Información sobre el Matrimonio y requerimientos en la Guía Pastoral

© 2006 / Arquidiócesis Ortodoxa Griega de Buenos Aires y Sudamérica / Todos los derechos reservados.